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Empresarios millonarios que se volcaron a la política en Iberoamérica

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

El candidato republicano a las presidenciales estadounidenses, Donald Trump, no es el único magnate que se ha lanzado a la política, y es que en Iberoamérica ya son varios los hombres de negocios que han decidido dejar en un segundo plano sus fortunas para dedicarse a la gestión de sus países.

 El último en unirse al club de los millonarios convertidos en políticos es el presidente de Argentina, Mauricio Macri, nombrado el pasado mes de diciembre. Pero además hay otros dos mandatarios en funciones, el presidente paraguayo Horacio Cartes y el panameño Juan Carlos Varela.

Si se incluye a los presidentes que terminaron sus mandatos recientemente, la lista se completaría con el mandatario chileno Sebastián Piñera, el mexicano Vicente Fox y el panameño Ricardo Martinelli.

 Todos ellos se ubican dentro de una ideología de centro derecha, e hicieron de sus éxitos empresariales su carta de presentación en sus campañas electorales.

El descontento de la ciudadanía con la política tradicional es una gran baza que muchos de ellos usan aprovechándose de la situación y prometiendo grandes cambios. Un claro ejemplo de ello es el polémico Trump.

Transformar realmente un país nunca es tarea fácil, como ocurre con muchos políticos profesionales, las expectativas que estos magnates generan al llegar a la presidencia, suelen convertirse en frustraciones.

Los especialistas señalan que uno de objetivos para los empresarios que llegan al mundo de la política, es el de manejar una estructura partidaria eficaz para negociar acuerdos en el Congreso, donde los códigos pueden ser distintos que en el mundo de los negocios.

En una región donde la izquierda ha gobernado en varios países durante los últimos años, los candidatos empresarios suelen mostrarse como una alternativa y como una garantía de mayor honradez, capaz de atraer inversiones con medidas pro mercado.

Sin embargo, los expertos advierten que las propuestas de estos hombres de negocios también incluyen mantener conquistas sociales que han sido importantes, evitando impulsar un liberalismo a ultranza.

Muchos creen que los millonarios de la región que han alcanzado la presidencia, son menos de derechas que Trump, que ha sido tachado en muchas ocasiones de racista y fascista, por sus comentarios sobre los inmigrantes latinos.

 El mensaje que muchos de estos mandatarios lanzan es que no necesitan dinero para financiar sus campañas y que tampoco son un riesgo de corrupción ya que no necesitan robar.

No obstante, el interés por el dinero puede ser una mala señal para alguien que aspira a un cargo público. «Al que le guste mucho la plata hay que meterlo en la industria o en el comercio, no en la política», dijo el ex presidente uruguayo, José Mújica, que gobernó el país entre 2010 y 2015 y fue conocido como el presidente más pobre.

El ascenso al gobierno de muchos presidente millonarios en Iberoamérica, ha estado rodeado de algunas polémicas. Al formalizar su candidatura el año pasado, Macri declaró bienes por valor de más de cinco millones de dólares, que incluían participaciones en varias sociedades, depósitos en Estados Unidos y Suiza, un campo y dos propiedades.

Antes de dedicarse a la política y presidir el club de fútbol argentino Boca Juniors, el mandatario ocupó puestos ejecutivos en varias compañías del grupo empresarial creado por su padre, Franco Macri que recalcó que no hay diferencia alguna entre manejar una empresa y gobernar una nación.

Exactamente lo contrario opinó la ex presidenta Cristina Fernández Kirchner, aludiendo a Macri, durante la campaña electoral del año pasado, «un país no es una empresa».

 Macri, que ha sido objeto de una investigación judicial por presuntas irregularidades en su patrimonio, anunció a los medios que dejará el control de sus bienes en manos de un fideicomiso ciego, para evitar conflictos de intereses durante su mandato.

Algo parecido hizo el ex presidente chileno, Piñera, con una parte de sus inversiones antes de asumir la presidencia en 2010, cuando según la revista Forbes, tenía una fortuna de 2.200 millones de dólares, producto de diversos negocios y compañías de su propiedad.

Al asumir la presidencia de Panamá en 2014, Varela llevó a cabo una declaración jurada de bienes que había prometido en su campaña electoral, revelando que poseía aproximadamente 25 millones de dólares en acciones de diversas empresas, además de cuentas bancarias y bienes inmuebles.

Varela presentó esto como un desafío, animando a su predecesor, el ex presidente, y también magnate, Ricardo Martinelli.

Cartes llegó al gobierno de Paraguay en 2013, estrenándose en el mundo de la política y siendo propietario de un conglomerado de empresas que van desde la bebida hasta la banca.

A pesar de varias acusaciones y sospechas de vínculos con el narcotráfico, lavado de dinero y compras de votos en su partido para ser candidato, Cartes fue elegido.

 A veces el hecho de que estos empresarios triunfen en las urnas, supone un gran cambio en sus países, como cuando el ex presidente de México, Vicente Fox, alto cargo de Coca-Cola, y con varios negocios a su mando, rompió en el año 2000 con el monopolio de siete décadas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder.

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

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