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Cesc Fábregas envuelto en un lío de fraude por su mujer

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Cesc Fàbregas, futbolista español nacido hace 28 años en Arenys de Mar, luce un tatuaje en árabe en un brazo. La traducción es la siguiente: «Mi vida para D. Siempre». D es la mujer de la que está enamorado hasta el tuétano, la curvilínea libanesa Daniella Semaan, una guapa de pecho opulento que le lleva doce años y con la que en los últimos tres ha tenido dos hijas.

La sinceridad de la frase del tatuaje va a ser puesta a prueba por los tribunales de justicia. El estiloso centrocampista del Chelsea se ha visto salpicado por un pleito entre Daniella y su ex marido, el magnate inmobiliario libanés Elie Taktouk, de 40 años, que ha llegado a la Corte Suprema británica. Resumiendo mucho, Taktouk viene a acusar a Daniella, también de 40, de llevar a cabo una estafa con la ayuda de Cesc, vendiendo su antiguo hogar conyugal al futbolista por debajo de su precio con la idea de continuar viviendo ella en el piso.

Elie Taktouk y Daniella estuvieron casados durante doce años y tuvieron dos hijos, Marie (12 años) y Joseph (10). El niño es un gran forofo del fútbol. En 2011, la modelo libanesa entró con el pequeño a comer en el restaurante Nozomi, un japonés de fachada negra en una bonita perpendicular de Knightsbridge, frecuentada por ricos árabes que fuman sus pipas de agua. Al ver a Cesc, Daniella lo abordó para pedirle un autógrafo para su hijo. Pese a lo fugaz de la situación, un resolutivo Fàbregas se las apañó para pasarle su teléfono.

En mayo de ese 2011, el futbolista, que por entonces jugaba en el Arsenal de Londres, anunció el fin de su noviazgo de siete años con Carla Dona, una barcelonesa licenciada en psicología a la que había conocido a los diecisiete. Era la clásica «novia de toda la vida», que lo acompañó a la aventura londinense. Al mes siguiente llegó el momento en que a Elie Taktouk casi se le atraganta el desayuno, según el mismo contaría indignado al diario sensacionalista «The Sun». El empresario inmobiliario estaba ojeando la prensa y vio un reportaje de Cesc de vacaciones playeras en Niza. Al bajar al detalle, constató que el tipazo en bikini que lo acompañaba no era otro que el de su mujer. Taktouk estalló.

Acusó al futbolista español de haberle «robado» a su esposa, y para más inri, «justo cuando queríamos otro hijo».

El empresario libanés advirtió entonces: «Cesc es un tonto. Daniella va por su dinero y su fama, pero él no es Beckham y cuando se acaben lo dejará». Tras aquellas fotos en Niza comenzó una ofensiva judicial implacable por parte de Taktouk, que tras algunos reveses esta semana se ha saldado con un importante triunfo en la Corte Suprema, el más alto tribunal británico.

Cuando iniciaron su proceso de divorcio, el juez Gloster ordenó a Daniella que procediese a la venta del piso familiar, situado en el exclusivo barrio de Belgravia, uno de los más caros de Londres, y que se repartiesen el dinero. Taktouk siempre sostuvo que ella hizo ahí una maniobra fraudulenta, pues en lugar de cumplir la orden del juez de colocar la vivienda a un precio de mercado razonable, ella habría hecho una venta a la baja a la compañía española Zirrintza S.L., empresa vinculada a Cesc.

Según Taktouk, Daniella vendió el piso a la compañía de su novio por 6,6 millones de euros, cuando el precio de mercado debería haber sido de 9,1 millones. Es decir, se habrían perdido 2,5 millones y Cesc habría intervenido claramente para ayudarla. La jueza Coleridge de la Corte Suprema ha dado ahora la razón al ex marido y ha fallado que tiene derecho a una apelación, con lo que el futbolista podría acabar declarando en tribunales por los líos de su pareja. En el pleito de divorcio, Taktouk también invocó que Cesc estaba financiando bajo cuerda a Daniella.

La modelo libanesa es una tuitera activa y tras las explosivas declaraciones de su marido en 2011 contra Cesc y contra ella, respondió con este enigmático tuit: «Tres reglas para una relación sentimental: no mientas, no engañes y no hagas promesas que no puedes cumplir. Además, borra tu historial de internet».

Por mucho que revuelva Taktouk en los tribunales, lo cierto es que a Cesc y a Daniella se les ve contentos. Juntos han tenido dos hijas, Lía, de tres años, y Capri, que nació el pasado julio. El jugador se calcula que gana unos 194.000 euros por semana en el Chelsea, donde cumple, con su habitual precisión para el pase, pero sin más. Sus críticos aseguran que juega demasiado retrasado y que es un futbolista más plástico que efectivo, que en realidad no se sabe muy bien qué aporta. Hijo de la cantera de la Masía, Cesc es íntimo amigo de Messi.

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