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El poder disminuye en 2.7 años la vida

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Decía Georges Clemenceau que el poder es la más completa de las servidumbres. A pesar de que facilita el acceso a una confortable burbuja de coches oficiales, asesores y elegantes actos, gobernar implica hacer un implacable ejercicio de responsabilidad y dedicación durante las 24 horas del día. Por eso, aunque los poderosos vivan en un aparente clima de comodidad, su cuerpo y su mente han de pagar el precio del poder.

Al menos esta es la principal conclusión de un estudio publicado este martes en la revista «British Medical Journal», y realizado por científicos del «Harvard Medichal School», en Estados Unidos. Según este trabajo, los gobernantes viven 2,7 años menos y tienen una probabilidad un 23% superior de morir, en comparación con los políticos candidatos que no llegaron a ostentar cargos de tanta responsabilidad.

Nuestros resultados sugieren que el estrés de gobernar puede acelerar la mortalidad de forma sustancial, ha dicho Anupam Jena, principal investigadora de este trabajo y médica en el Hospital General de Massachusetts.

El equipo de investigadores que ha dirigido, ha llegado a esta conclusión después de comparar la esperanza de vida de 279 gobernantes de 17 países, entre los que había presidentes, primeros ministros y cancilleres, con la esperanza de vida de 261 candidatos nunca elegidos y que no sirvieron en ningún gobierno. Entre todos ellos, hay políticos que sirvieron desde 1722 a 2015.

Al hacer esta comparación entre líderes electos y candidatos fuimos capaces de calcular el coste en términos de mortalidad de ganar las elecciones y servir como jefe de estado, ha dicho Andrew Olenski, coautor del estudio. Para averiguar esto, los investigadores midieron el número de años que cada político vivió tras el último proceso electoral al que se presentó, y compararon esto con la esperanza de vida media para una persona de la misma edad y género durante el año de esas elecciones.

Es, por ejemplo, el caso concreto de Sir William Wyndham, el político que gana por antigüedad en este estudio. Tenía 34 años cuando se presentó, sin éxito, a las elecciones de 1722 para una plaza en el Parlamento británico. Según los investigadores, la vida de este caballero duró 18 años más tras su aventura política, pero en aquel momento y lugar lo esperable hubiera sido que hubiera durado 13 años más.

Sin embargo, entre todos estos políticos hay claras excepciones que parecen resistir muy bien este degaste. Es el caso de Margaret Thatcher, que vivió nueve años más de lo previsto, o el de Sir Winston Churchill y Anthony Eden, que vivieron siete y cuatro años más de lo esperado, respectivamente.

Sea como sea, desde hace tiempo se sabe que, si el estrés se prolonga en el tiempo, la salud comienza a deteriorarse. Esto ocurre porque el estrés fuerza al organismo y aumenta la posibilidad de sufrir problemas cardiovasculares, digestivos y musculares, a la vez que debilita al sistema inmune. Y la mente también se resiente. Por culpa del estrés, puede aparecer irritabilidad, ansiedad, depresión, insomnio o inapetencia sexual.

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