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Se terminó el rendimiento del Real Madrid, qué le sucedió?

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Hace solo once días, el penalti más triste de la carrera de Messi evitó que la persiana de la Liga echara prematuramente el cierre. Frente al humilde Leganés, y tras recibir una soberana paliza en París (4-0) que le tiene con pie y medio fuera de la Champions, el Barcelona no tocó fondo gracias a ese agónico gol del argentino. Un flotador a tiempo para seguir nadando tras la estela de un regular Madrid, líder con un punto de ventaja y dos partidos menos. Pero como ya ocurriera con Ancelotti, el cambio de año ha indigestado a un equipo sólido y, por momentos, brillante. El primer aviso llegó en Copa, en enero, cuando fue eliminado por el Celta. Iniciado marzo, el liderato liguero se ha esfumado. Ahora está un punto por detrás del Barcelona y ya solo tiene un comodín, el encuentro en Balaídos aún sin fecha en el calendario. ¿Qué le sucede al Madrid? Lo analizamos.

Elevado número de goles encajados

Es muy complicado ganar títulos si tu equipo no es fiable en área propia. Todo campeón ha cimentado su éxito en una solidez defensiva que esta temporada no tiene el Madrid de Zidane. El dato es alarmante. Este curso, los blancos reciben 1,22 goles por partido, por los 0,7 de la pasada campaña (desde que Zidane tomara el cargo en enero). El Madrid solo ha dejado la puerta a cero en cinco de los 40 partidos que ha jugado esta temporada. Equipos tan débiles como el Legia de Varsovia le ha llegado a hacer tres tantos. El balance es preocupante y no se le ve solución.

El estado de forma de su columna vertebral

Keylor, Ramos, Modric y Benzema están muy por debajo de sus mejores versiones. El costarricense acumula un número importante de paradas, tanto en cantidad como en calidad, pero está cometiendo algún que otro error inusual en un portero de su regularidad. Sergio tampoco está bien. Fuera de forma y algo nervioso. Los dos primeros goles de la Unión Deportiva Las Palmas evidenciaron que el Madrid echa de menos un mayor rendimiento de su capitán. A Modric, la lesión muscular de principios de año le ha dejado sin ideas. Ante el Valencia y el Villareal perdió tantos balones como en el resto de la temporada. Se le ve sin esa frescura mental y esa agilidad en espacios cortos para superar líneas. De Benzema está casi todo dicho. Solo le salvan sus cinco goles en Champions. El pasado miércoles volvió a fallar dos tantos cantados, cuando su equipo más los necesitaba.

Las remontadas no pueden ser una constante

La épica sirve para ganar, sobre todo, torneos de eliminatorias. Y no siempre. Pero para la Liga no vale. Solo en la segunda temporada de Capello (2006-2007) en el banquillo del Madrid, la fe y un elevado número de remontadas tuvieron como premio el título, logrado gracias al «golaverage» particular respecto al Barça. En Champions, al Madrid le puede bastar en eliminatorias locas. Ahí el número uno son ellos. Para el campeonato nacional, vivir cada partido pendiente del cronómetro no le será suficiente.

Presión sin orden

La ida de los octavos de final de Copa ante el Sevilla fue un máster intensivo de cómo presionar a un rival en su propio campo. En concreto, durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el Madrid apabulló a los de Sampaoli taponando la salida del balón por ambas bandas y maniatando a los dos centrales y a su pivote. Ahí tocó cima en el trabajo de presión el conjunto de Zidane. Por exigencia física, aquello es difícil de repetir partido tras partido, pero entre el blanco y el negro siempre hay un gris. El Madrid lleva varios partidos en los que cada jugador hace la guerra por su cuenta. No hay armonía ni movimientos colectivos que pongan en problemas la salida del balón del rival. Eso provoca que el equipo se parta muy pronto. Como consecuencia de todo esto, se generan demasiados espacios entre líneas. Los medios no saben si salir a campo contrario o replegar, y la defensa también duda a la hora de echar o no la línea lo más cerca posible del centro del campo. No es casual el pandemónium de partidos ante Valencia, Villarreal y Las Palmas. Cuatro de nueve puntos que han provocado una Liga nueva.

Falta de concentración

Zidane soltó una interesante reflexión tras las derrota en Valencia: «Los rivales nunca juegan igual contra nosotros. Siempre hay una motivación mayor y eso hay que tenerlo en cuenta. Para ellos, es su partido del año». Estaría bien grabar esa última frase en las paredes del vestuario blanco. Igual así se evitarían esas lagunas en intensidad y concentración en muchos principios de partido, que tanto daño les está haciendo al equipo blanco. El Madrid debe salir siempre a ser el dueño del partido. Le puede salir mejor o peor, pero su desgana no puede ser el jugador número doce del oponente.

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