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Los patrimonios del Vaticano ascienden a toda la deuda pública de Italia

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Hay alguien en Roma que podría cargar a sus espaldas con los dos billones de euros de la abultada deuda pública italiana. No se trata del Tesoro transalpino que, tras el Brexit, ha vuelto a mirar con preocupación a una prima de riesgo que se mantiene por debajo del nivel de alarma sólo gracias al programa de compra de deuda del Banco Central Europeo (BCE). Para encontrar una institución tan solvente hay que cruzar el río Tíber que separa los palacios de los ministerios italianos del Estado soberano más pequeño del mundo: el Vaticano.

Los 0,44 kilómetros cuadrados desde los que la Iglesia católica ejerce su poder espiritual son también la caja fuerte de una gran riqueza. Estimar el patrimonio del Vaticano no es simple. De hecho, solo ahora la Iglesia está intentando simplificar la articulada red de entidades y autoridades que controlan la economía de la ciudad-estado.

La última relación de la Cosea, la comisión llamada en el pasado a ofrecer un cuadro más claro de la economía del pequeño Estado (la misma que fue presidida por el religioso español Lucio Ángel Vallejo Balda cuando saltó el escándalo conocido como Vatileaks2 y que terminó en una condena a dieciocho meses de prisión por filtración de documentos secretos), estimaba que en 2014 había en las cajas del pequeño estado poco menos de unos 10.000 millones de euros entre oro, valores y divisas.

A pesar de las participaciones financieras, la Iglesia católica ha construido su tesoro durante siglos sobre una base mucho más sólida: el ladrillo. De aquí viene una estimación de la riqueza vaticana próxima a los dos billones de euros.

El cálculo, publicado por la prensa italiana, no se ha desmentido y se basa en los datos de Gruppo Re, asesor inmobiliario del Vaticano: la Iglesia posee el 20% de los inmuebles italianos y, considerando que según la Hacienda transalpina todos los edificios del país valen poco más de cuatro billones, resulta que sólo en Italia el patrimonio inmobiliario eclesiástico vale alrededor de un billón de euros.

Se trata de 300.000 edificios, de los que 115.000 están en Roma, cuyo número sigue creciendo ya que solo en la capital italiana hay cada año 10.000 testamentos en favor de la Iglesia. Si a estos se añaden los 700.000 inmuebles que la Iglesia controla a lo largo de todo el mundo, el valor del patrimonio podría dispararse hasta superar los dos billones de euros.

Aunque estas estimaciones no son fáciles (los inmuebles de la Iglesia son controlados por entidades y congregaciones en todo el mundo), fuentes del Vaticano confirman que la cifra es apropiada.

Lo que sí es cierto es que se trata de activos que rinden por debajo de sus posibilidades. Si, de un lado, los inmuebles de la Iglesia gozan de privilegios fiscales en Italia, del otro no están alquilados a precio de mercado.

No se trata solo de los conventos o de los inmuebles utilizados para obras sociales. En la capital italiana, sobre todo, donde el Vaticano posee uno de cada cuatro edificios, hay numerosos personajes importantes de la política, de la burocracia y del periodismo transalpinos que viven en grandes pisos con alquileres de favor. La lista de los inquilinos famosos del Vaticano incluye políticos, exdirectores generales de la televisión pública, periodistas y burócratas.

Además, con el escándalo conocido como Vatileaks 2, la filtración de documentos reservados sobre las finanzas de la Iglesia ha destapado la existencias de las lujosas residencias reservadas a un puñado de cardenales. El ático del antiguo secretario de Estado, Tarcisio Bertone, por ejemplo, fue reformado con un coste de 800.000 euros, la mitad a cargo de la fundación que controla el Hospital Pediátrico Bambin Gesú de Roma.

Mientras el Papa Francisco ha puesto en su punto de mira los lujos de los cardenales y ha explicado que “no habrá niños bien” en su Iglesia, algo en el Vaticano está cambiando incluso en la gestión de los inmuebles: el Jubileo de la Misericordia ha vuelto a atraer turistas en Roma, y antiguas abadías y conventos, vacíos por la escasez de vocaciones, han sido reconvertidos en hostales y hoteles para la ocasión.

La ultima inauguración ha sido la de un palacio del siglo XVII en el pleno centro de Roma, un antiguo convento de monjas que ahora es un hotel de lujo. De hecho, según los datos de la Organización Mundial del Turismo, el turismo religioso vale casi 5.000 millones de euros cada año. Un buen negocio para quien tiene tantas habitaciones como el Vaticano.

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

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