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El viudo de la Duquesa de Alba recibirá una pensión vitalicia

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Tal y como la difunta Cayetana Fitz James Stuart dejó escrito en una carta que ha guardado su viudo, su última voluntad fue que Alfonso Diez recibiera una pensión para vivir dignamente como duque viudo de Alba. Algo más de un año después de su muerte, los abogados de Diez por fin han llegado a un acuerdo con los abogados de los hijos de la duquesa: ya se ha firmado el documento por el que Diez recibirá una pensión vitalicia que, libre de impuestos, es de 3.000 euros mensuales. Esta cantidad, sumada a su jubilación, le permitirá tener una vida cómoda.

En ese convenio, rubricado con el consentimiento de todos, también se ha establecido que ninguna de las partes hablará sobre los términos acordados o se darán detalles precisos sobre cómo se ha llegado a esa solución. Ese es el motivo por el que Alfonso Diez mantiene un discreto silencio, al igual que el propio duque de Alba. Consideran que se trata de un asunto privado.

Lo cierto es que, como viudo, a Diez ya le correspondía un porcentaje del tercio de libre disposición de la herencia personal de Cayetana, la parte que no se había repartido entre sus seis hijos antes de su boda con el funcionario. Hay que recordar que para llegar a esa ceremonia religiosa, que se celebró en la capilla de la Casa de las Dueñas, en Sevilla, Cayetana tuvo que repartir toda su fortuna entre sus hijos. De este modo dieron su bendición a la unión de su madre con su novio, 24 años más joven que ella. Lo que quedaba eran propiedades personales de la duquesa, algo que el actual duque de Alba siempre se encargó de repetir que «eran cosas de muy poco valor» y eso que se catalogaron dos cuadros por un importe muy superior al que en principio se había estimado.

Hombre sumamente pacífico y alérgico a las polémicas, durante el último año Alfonso ha permanecido en silencio. Ha guardado riguroso luto por su esposa y ha dejado que fuera su abogado y amigo de confianza, Antonio Bernal, quien acudiera a las reuniones para dirimir el asunto de la herencia. «Nunca se habría enfrentado a los hijos, no querían problemas ni tensiones. Al final está tranquilo, porque se ha cumplido lo que Cayetana siempre pidió a sus amigos y lo que dejó por escrito en una carta: que tuviera una pensión para vivir», asegura un íntimo del viudo. A fin de cuentas, Alfonso dejó su puesto de funcionario para mudarse a Sevilla y todos reconocen que es muy prudente en su estilo de vida. «Con ir al cine, leer o acudir al gimnasio se conforma. No es hombre de grandes lujos ni de despilfarrar», añade.

A partir de ahora comienza una nueva etapa para Alfonso. Quiere vivir ajeno al ruido mediático y también pretende mantener el grupo de amigos que hizo durante sus años con Cayetana.

En cuanto a su relación con los hijos lo cierto es que, salvo con Cayetano, con el resto no tiene contacto. Se reunieron en el funeral por el primer aniversario de la muerte de la duquesa y nada más. Ni ha vuelto a Dueñas, el que fue su hogar conyugal, ni tiene ya nada allí que le pertenezca. Con la pensión resuelta, seguramente en los próximos meses ponga en venta la casa que se compró en Sanlúcar y que fue una idea de la duquesa. Aún no lo tiene decidido, pero todo apunta a que con esa venta, además de la de su piso de Madrid, adquirirá una vivienda más amplia en la capital donde poder celebrar reuniones con sus amigos y recuperar una vida anónima.

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