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El muro de la vergüenza que separa la clase social en Lima

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Para muchos en Perú es «el muro de la vergüenza». Para otros simplemente una respuesta a la inseguridad: se trata del muro de 10 kilómetros de largo construido en Lima, que separa a una de las urbanizaciones más ricas de la ciudad de una de las zonas más pobres, que paradójicamente comparten dos lados de un mismo cerro.

«¿Qué el muro es discriminatorio? Todo el mundo tiene derecho a cercar su propiedad privada para protegerla. Además, siempre ha habido una relación de vecinos con los del otro lado. Mi empleada y mi jardinero son de allá», dice Elke McDonald, residente del lado más acomodado desde 1958.

A un lado de la pared queda la exclusiva urbanización Las Casuarinas, creada en los años 50 en una propiedad privada del cerro San Francisco, en el distrito de Surco, según su municipio.

Las casas pueden costar más de US$5 millones en esta zona y cuentan con una vista privilegiada de toda la capital del Perú.

Al otro lado, crecen los pueblos jóvenes (villa miserias, «invasiones» barrios que surgen espontáneamente sin permiso ni planificación) de Pamplona Alta, en el distrito de San Juan de Miraflores, que no tienen ni luz ni agua.

En estos lugares una casa armada con plásticos y madera puede costar menos de US$300.

El muro empezó a construirse en los años 80, «en la época del terrorismo y del avance de invasiones en el Perú», dice Elke McDonald, residente de Las Casuarinas.

Más de la mitad de las urbanizaciones de Lima nacieron a partir de invasiones y tráfico de terrenos, según el urbanista Pablo Vega Centeno. Él asegura que estas prácticas se convirtieron casi en una política de Estado y duran hasta ahora.

Hace tres años, se construyó el último tramo del muro, ante la aparición de otra invasión: el pueblo joven Vista Hermosa. «Las casas empezaron a asomar. Sobre la línea divisoria del cerro se veían unos techitos. Los vecinos se asustaron. Ahora bajan y se nos meten al jardín, pensaban. Entonces la directiva de la asociación continuó el muro», recuerda Elke.

Pero Sara Torres, pobladora de Pamplona Alta, duda de que sus vecinos invadan Las Casuarinas y cree que el muro es injusto: «Si hay un acuerdo con los vecinos del otro lado, ya no creo que invadan su espacio. Creo que el muro ha sido construido para que no se mezcle una posición social alta con otra más baja».muro-lima-peru-larevistamn

La inseguridad ciudadana es otra de las razones por las que los vecinos de Las Casuarinas creen que debe existir el muro: «Lamentablemente el Perú no es el país más seguro del mundo. Para vivir en un sitio que ofrezca seguridad, es necesario tener un muro», dice Joaquín Valdez, que vive en Las Casuarinas desde hace 11 años.

San Juan de Miraflores, distrito de Pamplona Alta, es el segundo más inseguro de Lima, según la ONG Ciudad Nuestra. En el 48% de hogares de este distrito hay por lo menos una víctima de algún delito.

En cambio Surco, distrito de Las Casuarinas, es el cuarto más seguro de Lima. Aunque registra víctimas de algún delito en el 37% de sus hogares.

Sin embargo, el muro en Las Casuarinas parece reducir esta cifra. «Este es el mejor lugar del Perú porque se puede caminar y dormir tranquilo. Todos pagamos nuestra cuota mensual de seguridad de S/.320 (US$100)», dice Elke McDonald.

muro-pobres-lima-larevistamnEl urbanista Pablo Vega Centeno explica que la construcción de muros como este ocurre por la necesidad de marcar diferencias sociales con elementos físicos. «Es miedo a la cercanía social. Por afirmar mucho la seguridad interna seguimos una lógica de miedo al exterior, de exclusión en casi toda Latinoamérica».

En el barrio Morumbi, en Sao Paulo, Brasil, un muro también separa a una favela de un lujoso condominio.

La solución, para Vega Centeno, sería crear espacios públicos de coexistencia, como parques o alamedas. Pero por ahora la vista hermosa de los vecinos de Pamplona Alta quedará solo en el nombre de una invasión.

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