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Testimonio de superviviente en caso de los estudiantes desaparecidos en México

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Con la publicación de la versión de la Procuraduría General de la República (PGR) de la investigación previa de la desaparición en Iguala (Guerrero) de 43 estudiantes de magisterio, presuntamente asesinados con la connivencia de las fuerzas de seguridad, salieron a la luz testimonios de supervivientes que atestiguan la violencia con la que fueron perseguidos por las fuerzas de seguridad.

Intentamos salirnos por un callejón. Ellos (los policías) creían que no existía salida, pero había unos escalones. Subimos como pudimos porque eran muchas escaleras y sólo escuché cuando dijeron ‘¡Dispárenles a esos perros!'», relataba uno de los estudiantes que sobrevivió a la masacre, según recoge el diario mexicano ‘La Jornada’ en su edición digital.

Los estudiantes fueron perseguidos por patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública de Iguala y durante su huida hacia un cerro comenzaron los disparos. «Nos tiramos al piso porque escuchamos las detonaciones y luego nada más oímos cómo zumbaban los balazos», explicaba.

La versión de este «testigo sin identidad» incluye todo el recorrido en los autobuses, el cerco de las patrullas y las ráfagas de los cuerpos de seguridad. En total son cuatro o cinco testimonios de normalistas que lograron sobrevivir al ataque.

Estos relatos revelan las diversas formas en que los ‘normalistas’ de Ayotzinapa lograron ponerse a salvo, sea encima de una valla hasta que un vecino les ofrece albergue en su casa, deambulando por los cerros o en la casa de una mujer que ante el nivel de violencia les da refugio hasta el amanecer.

Las narraciones son poco claras sobre la forma en que llegaron, pero todos coinciden en que el sábado 27 de septiembre rendían declaraciones de lo que «les constaba», de la violencia de esa madrugada.

En una de ellas, se indica que la escena se ubica en las inmediaciones del zócalo de Iguala, cuando el testigo se percata de que el autobús en que viajaban los normalistas ya estaba rodeado de varias patrullas.
«Comenzaron a acercarse los policías apuntando y disparando», explicaba, por lo que los estudiantes intentaron repelerlos con piedras.

Cuando reanuda la marcha el autobús junto con otros dos buscando la salida a Chilpancingo, se topan con otro cerco policial y se reanudan los disparos contra los estudiantes.

«Arribaron seis patrullas y comenzaron a disparar. Nos bajamos corriendo a escondernos al primer camión. Ahí fue donde recuerdo que cayó (…), a quien hieren con un tiro en la cabeza (…) quedando tirado sin que pudiéramos ayudarlo. Para entonces ya habían herido a (…) y matado a (…) Gritamos que dejaran de disparar porque no teníamos armas», relataba.

En sus declaraciones, el testigo con identidad protegida confiesa su «miedo cuando se vieron rodeados de patrullas» y ante las amenazas de que «ahora sí se los va a cargar la chingada» porque fueron a Iguala a «hacer sus desmadres».

El relato tiene tramos caóticos, acaso porque se hizo casi al amanecer del 27 de septiembre de 2014, cuando el estudiante abandonó la casa donde se pudo esconder y personal de la procuraduría lo trasladó para declarar. En su versión no deja claro cómo llegó hasta el lugar donde declararía.

En su testimonio deja entrever que la orografía del lugar le permitió correr al monte y escabullirse en medio de los balazos hasta llegar a un lugar donde había algunas casas, donde se escondió en un pequeño techo durante algún rato hasta que, al percatarse de que un vecino lo vio, le pidió que lo dejara entrar a la vivienda, cosa que hizo hasta que amaneció.

Otro de los «testigos con identidad reservada» dio su versión de los hechos y el intento de los estudiantes que iban en uno de los autobuses por escapar del cerco de los policías, cuya coordinación permitió cerrarles el paso y hacerlos bajar.

Describe cómo halló un callejón por donde podían escapar. Corrieron hacia allí mientras los policías les comenzaron a disparar. El declarante dijo haber escuchado el grito de una mujer que desde una vivienda «les pidió a los agentes que ya no les dispararan a los muchachos, que no habían hecho nada». El relato de este testigo también concluye con la acogida que encontró en una vivienda para pasar esa noche.

Con el amanecer, narra, llegó a declarar ante la procuraduría. «Nos dimos cuenta de todo lo que había pasado, que habían matado a varios y que los policías habían ubicado a otros; algunos aún estaban perdidos (…). Me enteré de que a (…) también lo habían matado, le habían arrancado el rostro y sacado los ojos (…). Que los ministeriales habían tomado fotos de los impactos de bala y de la sangre regada».

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LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

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