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25 años después, Mauro Hoyos un mártir, víctima de Pablo de Escobar

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

carlosmaurohoyosHace 25 años, el lunes 25 de enero de 1988, como era su costumbre tras los fines de semana, el entonces procurador general de la Nación, Carlos Mauro Hoyos, salió de su casa de descanso ubicada en el área rural del municipio de El Retiro (Antioquia), rumbo al aeropuerto José María Córdova. Su propósito era viajar a Bogotá en el primer vuelo de la empresa Aces. Sin embargo, en sitio próximo al terminal aéreo fue atacado por varios sujetos que mataron a sus escoltas y luego lo secuestraron. Horas después fue asesinado a tiros.

Natural del municipio de Támesis (Antioquia), el abogado Carlos Mauro Hoyos había tenido una brillante carrera pública. En 1986, cuando creía concluida su gestión, fue incluido en la terna para procurador general de la Nación y salió elegido por amplia mayoría. Era la época en que la mafia de Pablo Escobar hacía estragos.

Sin temor alguno, Carlos Mauro Hoyos asumió sus tareas como jefe del Ministerio Público, con una postura clara contra las mafias del narcotráfico.

Quizás por eso el cartel de Medellín lo escogió como una de sus víctimas dentro de la estrategia del capo de capos de secuestrar a personalidades del país para presionar en su guerra contra la extradición. Un plan criminal que arrancó el martes 19 de enero, cuando el entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá y futuro presidente de Colombia, Andrés Pastrana Arango, fue plagiado en su sede de campaña.

Hacia las 11:30 a.m., un grupo de policías llegó a inspeccionar una finca en el sector de El Retiro, donde por coincidencia estaba cautivo Andrés Pastrana. Un agente terminó canjeándose por el secuestrado para facilitar su liberación y, al mismo tiempo, garantizar la fuga de los plagiarios. No obstante, minutos después, cuando Pablo Escobar se enteró de lo sucedido con Pastrana, dio una orden perentoria: asesinar al procurador Carlos Mauro Hoyos como una forma de echar abajo el triunfalismo del Gobierno y acreditar a Los Extraditables.

Muchos años después, en el libro El verdadero Pablo, de Astrid Legarda, el confeso narcoterrorista John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, relató descarnadamente el final del procurador. Él mismo acudió al sitio donde estaba oculto y le dijo que iba a ser ejecutado por traición a la patria, al avalar extradiciones y perseguir a Pablo Escobar. El procurador, “con una actitud digna, en silencio y sin implorar por su vida”, se dejó conducir a una cañada cercana al escondite, donde un sicario apodado El Monito acabó con su vida.

Primero, un disparo a la cabeza, y luego dos más cuando cayó al piso. Minutos más tarde, desde un teléfono público, Popeye llamó a la radio a informar la ubicación exacta del cadáver. La noticia conmocionó al país y el sepelio del procurador en Medellín se convirtió en una jornada de protesta del poder judicial.

Fuente: elespectador

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