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Fukushima a doce meses del tsunami continúa siendo una región fantasma

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

Los empleados de la central nuclear son los únicos habitantes entre las calles vacías. En los supermercados, estantes repletos de productos olvidados recuerdan el pánico de la rápida huida tras el terremoto.

En la vasta franja costera golpeada por el tsunami del 11 de marzo hay señales visibles de progreso.

Casi todas las 23 millones de toneladas de escombros han sido retiradas, aunque la reconstrucción todavía no ha empezado.

Pero en la planta nuclear de Fukushima Daiichi da la impresión de que la limpieza apenas ha comenzado.

Pero es que el verdadero trabajo se está haciendo dentro de los maltrechos reactores, donde el combustible nuclear continúa manteniéndose refrigerado.

Los niveles de radiación suben y bajan, llegando a 35 microsieverts por hora en Okuma, una aldea agrícola a dos kilómetros de la planta y que podría permanecer deshabitada durante décadas.

Ver comunidades enteras abandonadas es impactante, pero no preparan a uno lo suficiente para ver de cerca los reactores dañados de Fukushima Daiichi.

Uno de ellos está recubierto de vinilo, mientras que otro parece estar en buena parte intacto, con su pintura turquesa y blanca claramente visible bajo la luz brillante de una fría tarde de invierno. Los reactores número 3 y 4, sin embargo, son un amasijo de acero y escombros.

Desde el exterior, parece un enorme caos, pero dentro, el combustible nuclear dañado se mantiene refrigerado con vastas cantidades de agua, que después se almacena en tanques que cubren prácticamente cada trozo de terreno libre en las instalaciones.

Posteriormente ese agua se descontamina y vuelve a enfriar los reactores.

La gestión del agua es vital para evitar que el combustible se vuelva a recalentar y provoque una reacción nuclear en cadena potencialmente catastrófica, explica Katsuhiko Iwaki, vicedirector del centro de estabilización de Fukushima Daiichi.

“La mayoría de los trabajadores aquí trabajan en turnos de dos horas por la mañana, y otros dos por la tarde”, dice Iwaki. “Pero hay otras zonas en donde las dosis son tan altas que sólo pueden estar allí dos o tres minutos. Es el tiempo suficiente para poder conectar una manguera, antes de que salten las alarmas que indican que se tienen que marchar”.

Fuente: la informacion

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