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Escenas del Espectáculo

Rubén Blades puso a bailar a limeños en Fiesta Latina 2011

LA ESQUINA DE MANUEL NUÑEZ

En el aire –dentro y fuera del Estadio de San Marcos– se respiraba salsa, en una jornada para conocedores. En la fría noche del sábado, alrededor de 20 mil almas aguardaban en la intemperie la aparición en orden sucesivo de Luis Enrique, Carlos Vives y, por supuesto, el más esperado: Rubén Blades.

Luis Enrique, aquel nicaragüense que en los 80 y 90 conquistó una generación con himnos como “Date un chance” y “Mi mundo”, presentó la versión salsa de “Parte de este juego” de Gianmarco Zignago, quien sorpresivamente apareció en el escenario para cantar a dúo con el salsero e incluso se animó a sonear demostrando tener su swing.

La salsa dio paso al vallenato con el colombiano Carlos Vives y su “Hamaca grande”, y una explosión tuvo lugar entre la multitud que no pudo evitar resistirse al ritmo colombiano. “Carito” evocó a ese amor imposible y para bajar la temperatura llegó la esperada “Gota fría”. Vives se despidió con “La tierra del olvido”. Una larga pausa se impuso.
La noche del poeta

Las tinieblas en el recinto precedieron a la aparición, con bastante demora, de Rubén Blades, quien arrancó con “Ojos” (fruto de su alianza con Willie Colón) apenas se hizo visible en el escenario, pasada la medianoche.

“Disculpen la demora, todo se trató de un problema técnico”, explicó el panameño para dar paso al intro disco de Plástico y reafirmar a sus 63 años la independencia mental de Latinoamérica que pregona en esta joya de Siembra.

Blades pretendía hacer un repaso por toda su carrera y, claro, no todo es lucha antiimperialista sino también hay lugar para el amor incondicional, el cual describe en “Yo puedo vivir del amor”, cuya letra forzó a las parejas de enamorados a lanzarse a bailar entre la multitud.

Le tocó el turno a “Maestra vida”, en el que del amor el músico nos trasladó a la fugaz alegría de Carmelo da Silva y Manuela Peré por “El nacimiento de Ramiro” para enseguida abordar la problemática del racismo en “Liguia Elena”, canción que dedicó a “todos aquellos que han sido rechazados”.

Sin embargo, el buen Rubén hizo una pausa. “Nadie se ha acordado de que hoy Carlos (Vives) cumplió años”, indicó, e invitó al agasajado a pasar al escenario. Luego de cantarle el ‘Happy birthday’, Blades realizó lo impensable: hacer cantar salsa a Vives. “Juan Pachanga” fue la excusa perfecta para evidenciar las cualidades salseras del colombiano.

La velada también sirvió para presentar temas jamás interpretados en esta tierra como “Más vale un guaguancó” y también para invocar al dolor por el sufrimiento de un ser querido con “Amor y control”. “Buscando Guayaba” era de carácter obligatorio, aunque el intérprete prefirió omitir el famoso solo de guitarra vocal en el intermedio musical.

“Muchos son los llamados…”, reza el pasaje bíblico. La noche avanzaba y solo los escogidos atentos a cada movimiento del cantante aguantaban de pie. Más de dos horas de Blades debía tener una recompensa con su público.

“Paul C” y el tema más conocido de su carrera, “Pedro Navaja”, fueron el premio perfecto para todos los que llegaron hasta las 3 de la mañana en una jornada digna de cualquier conocedor de buena salsa.

Fuente: La República

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